
Por Oscar Jensen
Especial para Portal Ovino
Un sello conmemorativo que recuerda la llegada de las primeras ovejas al continente en 1521 y celebra, desde la filatelia, 450 años de historia ovina en América.
Estados Unidos es un país de América del Norte formado por 50 estados y un distrito federal, con una enorme diversidad geográfica que abarca desde las llanuras centrales y las grandes praderas hasta las cordilleras Rocallosas, los desiertos del sudoeste y las regiones boscosas del este. Limita al norte con Canadá, al sur con México y está bordeado por los océanos Atlántico y Pacífico, además del golfo de México. Con una superficie de 9,8 millones de km² —el tercer país más grande del mundo— y más de 335 millones de habitantes, ocupa también el tercer puesto en población. Esta vasta extensión territorial permitió el desarrollo de una agricultura y ganadería de escala continental, donde distintas regiones evolucionaron hacia sistemas productivos muy diversos. En ese mosaico de climas y paisajes se forjó también la ganadería ovina estadounidense, desde los primeros rebaños coloniales hasta las grandes majadas del oeste.

El Servicio Postal de los Estados Unidos (USPS) es, además, uno de los correos más prolíficos del mundo: en 179 años de historia postal ha emitido alrededor de 30.750 sellos, aunque solo ocho de ellos están dedicados específicamente a los ovinos. Entre estas emisiones destaca la estampilla de 1971, que conmemora el 450.º aniversario de la introducción de la oveja en América, ocurrida en 1521 con la llegada de los primeros rebaños traídos por Hernán Cortés desde las Islas Canarias hacia México. Catalogada en Yvert & Tellier como US 916, tiene un valor facial de 6 centavos, mide 25 × 40 mm y fue impresa en offset multicolor con un tiraje de 136 millones de ejemplares: el mayor entre las 26 estampillas ovinas analizadas en este ciclo de Portal Ovino, reflejo de la enorme escala postal estadounidense. En aquellos años, el correo era todavía el principal medio de comunicación, por lo que el USPS producía volúmenes masivos para abastecer una circulación diaria de millones de cartas.
El sello, diseñado por Bradbury Thompson, reconocido artista y diseñador tipográfico estadounidense, muestra en primer plano a una oveja adulta y su cordero, apoyados uno contra el otro en un gesto de ternura y protección. La escena se recorta sobre un paisaje abierto típico del interior norteamericano, con praderas extensas que se pierden en el horizonte y un cielo despejado que aporta serenidad y profundidad a la composición. La imagen busca evocar la importancia histórica de la ganadería ovina y de la producción lanera en los Estados Unidos, actividades que tuvieron un papel central en la economía rural y en el desarrollo textil del país.
En la franja superior, sobre fondo blanco, se lee la inscripción “UNITED STATES”, que identifica al país emisor. A la derecha, dentro del cielo azul, aparece el valor “6¢”, es decir, seis centavos de dólar. En la franja inferior, también blanca, figura la leyenda “AMERICA’S WOOL”, que puede traducirse literalmente como “la lana de América”, en homenaje a la industria lanera estadounidense que el sello busca destacar. A cada lado de la ilustración se incluyen las fechas “1521” y “1971”, que señalan explícitamente el 450.º aniversario de la llegada de las ovejas al continente americano, hecho histórico que da sentido a esta emisión conmemorativa.
Las primeras ovejas que llegaron a América lo hicieron en 1521, traídas por las expediciones de Hernán Cortés desde las Islas Canarias, un eslabón habitual de abastecimiento entre España y el Nuevo Mundo. Eran animales de razas ibéricas de lana basta, cercanas al tipo Churra y Lacha, rústicas y aptas para soportar los largos viajes marítimos. Los documentos coloniales indican que los rebaños iniciales eran pequeños —apenas algunas decenas de ovejas y carneros distribuidos en varios barcos—, pero suficientes para iniciar la expansión ganadera. Desembarcaron en la región de Veracruz, desde donde los conquistadores los llevaron hacia el altiplano central de México, estableciendo las primeras majadas del continente. A partir de ese núcleo reducido, las ovejas se multiplicaron rápidamente, dispersándose por las rutas coloniales hacia el norte y el sur, y convirtiéndose en la base genética de la oveja criolla americana que perduró durante siglos.
En 1971, cuando se emitió esta estampilla, la ganadería ovina de los Estados Unidos contaba con entre 15 y 17 millones de ovejas, y la producción de lana seguía siendo estratégica para las industrias textil y militar. Las grandes majadas pastaban en las Montañas Rocallosas, el oeste de Texas, California, Wyoming, Dakota del Sur y Utah, bajo sistemas extensivos de miles de hectáreas. Aunque la actividad ya mostraba señales de declive frente al avance del algodón, las fibras sintéticas y los cambios en el consumo de carne, el sector ovino seguía siendo una pieza relevante del paisaje rural estadounidense, heredera de largas tradiciones de pastoreo.
En 2025, el rebaño ovino de los Estados Unidos suma aproximadamente 5 millones de cabezas, una cifra que puede parecer pequeña para un país tan extenso, pero que refleja una industria que se ha reducido y especializado en las últimas décadas. Entre las razas más importantes destacan la Suffolk, Hampshire, Dorper, Dorset y, con una fuerte influencia genética en los rebaños de montaña y pastizales del oeste, la Rambouillet. La mayoría de las explotaciones está en manos de productores pequeños y medianos; aunque subsisten grandes establecimientos de pastoreo en el oeste, la actividad ovina representa menos del 1 % de los ingresos pecuarios del país, mostrando un perfil mucho más acotado que el que tuvo en la primera mitad del siglo XX.





