
Un estudio impulsado por la Agencia de Extensión Rural Los Antiguos del INTA, evaluó estrategias para restringir el acceso de guanacos a bebederos antrópicos en sistemas ovinos del noroeste de Santa Cruz. Los resultados demostraron que la implementación de dispositivos de exclusión física reduce significativamente el consumo de agua por parte de la fauna silvestre sin afectar al ganado.
Se publicaron los resultados del estudio “Validación de estrategias para el manejo del guanaco en campos productivos de Patagonia Sur”, que evaluó, en establecimientos ganaderos del noroeste de Santa Cruz, distintas metodologías para reducir la interacción entre guanacos y sistemas productivos ovinos, con foco en el uso de fuentes de agua antrópicas. El trabajo se desarrolló en campos ubicados entre las rutas nacionales 40 y provincial 43 e incluyó monitoreos en cuatro establecimientos.
Uno de los responsables de la iniciativa, el Lic. Martín Roa de la Agencia de Extensión Rural Los Antiguos comentó que “el objetivo principal fue validar estrategias de restricción de acceso de guanacos a bebederos artificiales, analizando su efectividad y su impacto en el comportamiento de la fauna y en la dinámica productiva”.
Roa relató que “en la zona, y también en otros campos de la provincia, es común la escasez o mala distribución del agua de bebida para los animales dentro de los cuadros de pastoreo”. Esto obliga a los productores a realizar inversiones importantes para lograr un uso más homogéneo del recurso forrajero, ya sea mediante perforaciones o el abastecimiento de tanques australianos con camiones cisterna. Según indican los productores en los últimos años se ha intensificado el conflicto con la fauna nativa, particularmente con el guanaco, por el consumo de agua en estas fuentes antrópicas.
“Frente a esta situación, nos propusimos evaluar alternativas que permitan restringir el acceso de los guanacos a las aguadas, reduciendo la competencia con el ovino y los costos asociados”, explicó.
La metodología consistió en seleccionar bebederos frecuentados por guanacos y realizar un monitoreo previo mediante cámaras trampa para confirmar su uso. Luego se instalaron las restricciones y se continuó el monitoreo durante un año para analizar los cambios. Además, se realizaron relevamientos terrestres para estimar la población de guanacos en las cercanías.
Este seguimiento permitió evaluar el impacto de sistemas de exclusión física en aguadas y obtener información sobre la frecuencia de uso, el tiempo de permanencia y las interacciones entre especies.
Se evaluaron dos alternativas de restricción: la construcción de un alero o techo sobre el bebedero, que impide el acceso del guanaco pero permite el ingreso de la oveja por debajo y un alambrado elevado, diseñado con una apertura inferior de unos 80 centímetros y un alambre superior a 1,20 metros, generando una barrera de aproximadamente dos metros de altura que impide el salto del guanaco.
El técnico del INTA indicó que “algunas de estas soluciones ya estaban presentes en establecimientos de la zona, pero nuestro trabajo permitió validar su efectividad y comprobar que no limitaran el acceso del ovino”.
Los resultados
Para obtener información confiable, el trabajo se extendió por más de un año, desde marzo de 2024 hasta abril de 2025, con un control adicional en diciembre de 2025. Los datos evidenciaron un uso intensivo por parte de los guanacos, con un promedio diario de permanencia de 3 horas y 37 minutos, frente a 1 hora y 38 minutos en ovinos. Además, los registros mostraron que las interacciones simultáneas entre ambas especies fueron limitadas y condicionadas por el comportamiento dominante de los guanacos, que tienden a ocupar y rodear los bebederos, dificultando el acceso de las ovejas.
La instalación de restricciones físicas —como alambrados elevados o estructuras tipo techo— demostró ser una herramienta eficaz para modificar este patrón. En particular, los dispositivos diseñados en el marco del proyecto lograron reducir el acceso de guanacos sin impedir el ingreso de los ovinos, y se aportaron mejoras para las alternativas ya presentes en establecimientos de la zona.
Las cámaras trampa permitieron monitorear la frecuencia de uso y el tiempo de permanencia de guanacos y ovinos en las aguadas artificiales.
A modo de balance Roa recalcó que “se logró validar la efectividad de las restricciones, con una reducción significativa del consumo de agua por parte del guanaco”. “Esto tiene un impacto directo en los costos de producción, ya que disminuye la frecuencia de reposición de agua en sistemas abastecidos por cisterna, reduciendo gastos de combustible y mano de obra”, subrayó.





