
Por Oscar Jensen
Especial para Portal Ovino
Toda la información sobre las estampillas las encontrás en https://estampillasovinas.com.ar/
Venezuela, oficialmente República Bolivariana de Venezuela, se ubica en la costa septentrional de América del Sur, con salida al mar Caribe y al océano Atlántico. Limita con Colombia al oeste, Brasil al sur y Guyana al este.
Posee una superficie cercana a los 916.000 km² y una población estimada en alrededor de 30 millones de habitantes. Su capital es Caracas. El territorio venezolano presenta una notable diversidad geográfica, que incluye la cordillera de los Andes, los extensos llanos ganaderos, la cuenca del río Orinoco y sectores de la selva amazónica, lo que lo convierte en uno de los países con mayor biodiversidad del mundo.

Históricamente, su economía ha estado fuertemente ligada a la producción petrolera. Sin embargo, también mantiene una importante tradición agropecuaria, especialmente en los llanos, donde la ganadería bovina ha desempeñado un papel destacado en el desarrollo económico y cultural de amplias regiones del país.
Según el catálogo filatélico Colnect, desde 1859 Venezuela ha emitido 5.668 estampillas, de las cuales solo dos incluyen ovinos en su diseño. La primera de ellas, emitida en 1963, representó a los corderos como símbolo de la lucha mundial contra el hambre, mientras que la segunda integra la serie navideña de 1989, donde aparecen pastores y ovejas.
La estampilla aérea emitida por Venezuela en 1963 forma parte de la Campaña Mundial contra el Hambre, iniciativa lanzada por la FAO en 1960 para concientizar sobre la producción de alimentos y la seguridad alimentaria a escala global.
La estampilla vinculada a los ovinos, identificada con el número Yvert Aéreo 784, muestra a un productor rural transportando dos corderos sobre sus hombros, en una escena que simboliza el aporte de la ganadería a la lucha contra el hambre. La composición se completa con el contorno del mapa de Venezuela y el emblema de la campaña, representado por una espiga estilizada.
Desde el punto de vista técnico, la estampilla integra una serie de valores para correo aéreo. Su diseño monocromático, resuelto en tonos sepia, responde a una estética característica de la época, donde el mensaje social y productivo adquiere mayor relevancia que los detalles artísticos o paisajísticos.
En la parte superior derecha se leen las inscripciones «VENEZUELA», debajo «AÉREO», indicando que corresponde al servicio de correo aéreo, y el valor facial «0,40».
En sentido vertical, sobre el margen izquierdo, aparece la palabra «Campaña», mientras que en la parte inferior se lee «Mundial contra el Hambre», leyendas que vinculan la pieza con el programa internacional impulsado por la FAO.
La estampilla fue impresa por la Bundesdruckerei de Berlín, una de las principales imprentas de seguridad de la época, con un tiraje aproximado de 500.000 ejemplares. Como ocurre con muchas emisiones venezolanas de la década de 1960, el nombre del diseñador no figura consignado en los catálogos filatélicos de uso habitual.
Actualmente, Venezuela mantiene su servicio postal estatal a través del Instituto Postal Telegráfico de Venezuela (IPOSTEL), aunque su actividad es limitada y una parte importante del envío de correspondencia se canaliza mediante operadores privados.
Los ovinos llegaron al actual territorio de Venezuela durante la época de la conquista española, a partir del siglo XVI, junto con otras especies domésticas introducidas por los colonizadores europeos para abastecer a los nuevos asentamientos.
Los primeros rebaños estaban integrados principalmente por ovejas de origen ibérico, especialmente pertenecientes a los troncos churro y merino, que lograron adaptarse a las condiciones tropicales y semiáridas de distintas regiones del país. Con el transcurso de los siglos, y en ausencia de programas sistemáticos de selección, estos animales dieron origen a la denominada oveja criolla venezolana, caracterizada por su rusticidad, capacidad de adaptación y aptitud para sistemas de producción extensivos.
En la actualidad, la ganadería ovina constituye una actividad secundaria dentro del sector pecuario venezolano, aunque mantiene importancia económica y social en regiones secas y semiáridas donde la oveja presenta ventajas adaptativas frente a otras especies. Se estima que el stock ovino nacional oscila entre 500.000 y 800.000 cabezas, según distintas fuentes y períodos de referencia.
Predominan los ovinos de pelo, mejor adaptados a las condiciones tropicales que las razas laneras tradicionales. Entre las razas presentes se encuentran el Criollo Venezolano y otras de origen africano o caribeño, como la Barbados Barriga Negra y la Persa Cabeza Negra. En las últimas décadas también se han incorporado razas mejoradas para producción de carne, entre ellas la Santa Inés, ampliamente difundida en América tropical.
La producción se orienta principalmente a la obtención de carne destinada al consumo familiar y a los mercados locales. Predominan los sistemas extensivos de pequeña escala, caracterizados por su baja tecnificación, el aprovechamiento de recursos forrajeros locales y, en muchos casos, la integración con la producción caprina, una asociación frecuente en las zonas más áridas del país.
A diferencia de otras emisiones dedicadas a razas, sistemas productivos o paisajes rurales, esta estampilla pone el foco en el productor y en su función social. Los corderos no aparecen como un recurso económico, sino como un símbolo universal de alimento, crianza y esperanza.
En esta emisión venezolana, la oveja no es protagonista por su raza ni por su producción, sino por su significado. En brazos del productor rural representa la posibilidad de transformar trabajo y recursos locales en alimento para la comunidad, un mensaje que acompañó a la Campaña Mundial contra el Hambre impulsada por la FAO en 1963.
En Venezuela, la oveja no sustenta grandes sistemas productivos ni genera las cifras de otras ganaderías. Sin embargo, adaptada al calor y a los ambientes más difíciles, continúa formando parte de las economías rurales de pequeña escala, donde la producción animal es, además de una actividad económica, una expresión de cultura, permanencia y arraigo al territorio.





