
Por Gianni Bianchi
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La oveja es una especie poliéstrica estacional de día corto, por lo que su máximo desempeño reproductivo ocurre durante el otoño. Como consecuencia, muchas majadas ya están transitando o ingresando al último tercio de la gestación, una de las etapas más críticas de todo el ciclo productivo. Es precisamente durante estas últimas semanas cuando se define buena parte del éxito de la próxima parición.
En los sistemas extensivos, el peso al nacer constituye el principal factor asociado a la supervivencia neonatal de los corderos. Durante el último tercio de la gestación ocurre aproximadamente el 70 % del crecimiento fetal y se establecen las bases para una adecuada producción de calostro. Por ello, las decisiones que se tomen en este período tienen un impacto directo sobre la viabilidad de los corderos. No todas las ovejas requieren la misma atención.
Deben priorizarse aquellas con baja condición corporal, gestaciones múltiples, borregas de primera parición —que además continúan creciendo— y ovejas de mayor edad, categorías con mayores requerimientos nutricionales o mayor riesgo productivo.
Comparto esta lámina como una síntesis de algunas de las intervenciones que considero más relevantes durante esta etapa del ciclo reproductivo. Esta publicación inaugura una serie dedicada a los momentos críticos de la producción ovina. En cada entrega analizaremos qué decisiones conviene tomar, qué variables medir y cómo priorizar las intervenciones para obtener el mayor impacto biológico y económico.
Para quienes deseen profundizar en este tema, en la segunda lámina encontrarán información sobre el Manual de Buenas Prácticas de Producción Ovina, donde se desarrollan estos y otros aspectos del manejo a lo largo de todo el ciclo productivo.







