
«Hay que profesionalizar el engorde, algo que ya sucede en el mundo, para que el cordero que sale al mercado sea de primera calidad», afirmó Gustavo Aimale, el productor ovino que logró desarrollar desde Pincen uno de los mayores emprendimientos de la Región Centro.
En diálogo con Portal Ovino, Gustavo recordó que comenzó en la producción ovejera en el 2011, «por una cuestión accidental» y lograron impulsar un proyecto con más de 800 madres.



«Compramos un campo en La Pampa y llevamos las vacas de cría. Nos quedamos sin vacas acá y un comisionista nos ofreció comprar ovejas. Las vacas no valían nada en ese momento y este hombre nos convenció de que los ovinos eran más rentables. Nos ofreció traer ovejas de la Cordillera criollas preñadas a 100 pesos y a los 20 días tenía 500 ovejas en el campo», destacó.
Aimale señaló que «llegaron los animales y a la semana comenzaron a parir» y reconoció: «Nos pegamos todos los palos habidos y por haber, porque no sabíamos nada».



«Las instalaciones no estaban aptas para las ovejas y para los corderos, menos. Llegamos a tener 1.500 ovejas criollas y en el 2013 sumamos las Hampshire. Cuando ya tenía bastante definido el rodeo aparece la Dorper Black y Dorper White», precisó.
Y agregó: «Empezamos a ir a charlas y reuniones para capacitarnos. En el 2017, cuando llegó la gran inundación nosotros teníamos 1.500 ovejas y tuvimos que sacarlas. No había caminos para trasladarlas y muchas se murieron. Las llevamos a las sierras de Córdoba a San Agustín, y nos fue mal. Fue un desastre productivamente. Pude recuperar 30 corderos. Hice la majada de nuevo y hoy tenemos 800 madres».



El productor del sur cordobés manifestó que «a pesar de las adversidades decidimos profundizar en la producción ovina».
«Siempre digo que las ovejas son una confusión entre la pasión y el enojo. Gracias a Dios le agarramos la mano a producir al cordero. Para la comercialización sumamos un criadero confinado de cerdos, donde incorporamos al cordero. También tenemos un feed lot de corderos. Es un nicho de mercado al que podemos abastecer», resaltó.
Y agregó: «La falta de frigoríficos es una limitante. No podés llevar 30 o 40 corderos por semana a faenar fuera de la región. Pude hacer un mercado enganchándolo detrás de la venta de cerdos».
«Hay un crisol de razas, la producción está muy atomizada y se necesita una transformación con engordes especializados. Si no se termina a corral el engorde no se puede conseguir esto en los campos. Algunos animales no van a tener la calidad y desestimas el consumo en las góndolas. Hay que profesionalizar el engorde, algo que ya sucede en el mundo», argumentó.
Aimale manifestó que «si la carne no está bien terminada y se requieren galpones de engorde para que el cordero que sale el mercado sea de primera calidad».



Aimale dijo que «los productores deben apuntar a las razas carniceras y contar con galpones para hacer un engorde adecuado».
Una historia familiar
Don Gustavo Aimale comenzó la historia de vinculación con el campo que continuaron sus hijos, Gustavo (57) y Javier (56), y que hoy suma el legado de sus nietos. Cuentan con 800 hectáreas en el sur de Córdoba y 1.500 hectáreas en San Luis. La producción porcina es la base del trabajo, con la venta de 600 cerdos por semana.





